Trayectoria
Trabajos de Martha Goldin
Poemas de Martha Goldin

 

 

 

 

 

Poemas

de Martha Goldin

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contener lo intolerable,

nombrarlo

con las vísceras quebradas

en el esfuerzo

mientras el viento helado

golpea la puerta

que no se abre

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LA CALLE ACEVEDO

Sucedía cada vez que cruzaba la Av.Santa Fe, mientras bordeaba el Botánico. Como si una fuerza brutal la empujara caminaba hacia la calle Acevedo, buscaba con cierta dificultad la puerta y se quedaba parada mirando. Últimamente notaba esto con mayor frecuencia mientras tomaba un café en el bar de Malabia. Ellos le preguntaban que pasaba- Bromeando solía decir que se veía pasar con la beba en brazos y el hijo en triciclo – Era una broma triste y sentía como su voz se quebraba. También era cierto que cada vez más en esas calles tenía la sensación de haber retornado recién, como si los años transcurridos, la vuelta del exilio, se borraran y todo recién comenzara. No era que extrañara los 70 del terror ni el dificultoso retorno a mediados de los 80 . No era eso lo que añoraba, no. Sin embargo algo le sucedía. Esa mañana, como alguna otra, cruzó la avenida , el solcito de primavera se hacía sentir y el cielo estaba tan azul. que se sintió casi feliz. Pensó que no era bueno acercarse a la puerta, que la nostalgia siempre es peligrosa. El tiempo voló, dejarlo ir, se dijo. Quedó parada cerca de la entrada largo rato. Detrás de la puerta vio la vaivén que se movía y a la mujer muy joven. Llevaba jeans y el pelo largo. La beba dormía. A su lado, el hijo de tres años. Anudado al manubrio del triciclo un atado hecho con una servilleta a cuadros azul y blanca. Es la manzana deliciosa que tanto le gusta - pensó. Desvió la mirada. Acercarse. Por un momento creyó que sería lo mejor. Acercarse , fundirse en un abrazo , acariciarlos. Los siguió. Cruzó con ellos. La madre sacó de un bolso de red la pala y el balde, la pelota de plástico de colores y los dejó al alcance del chico que ya se acercaba a sus amiguitos. La beba dormía plácidamente y la acunó con el gesto acostumbrado. Ni siquiera me mira, no me ve. Todo esto es mío, me lo arrebataron y vengo a recuperarlo. l974. En un gesto desesperado me acerqué a ella . La abracé, la abracé fuerte, casi como a una hija. Le esperan tiempos difíciles, pensé, muy difíciles.

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un vuelo sobre la arena y el horizonte se aclara

el mar rescata toda la belleza del universo

la mujer cree que es feliz y lo dice

la mujer cree que lo luminoso de este día

será para siempre

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estoy frente al monumento a los españoles
y me pregunto ¿son éstos los que vinieron huyendo del hambre
c
onstruyeron sus casas
fueron parte del crisol de razas que declama la escuela?
¿son éstos los nuevos ricos que nos llaman sudacas
y nos echan a patadas del Aeropuerto de Barajas ?
entonces pasa un muchacho en bicicleta
una chica con vincha corre
y una pareja lleva un bebe en el cochecito, se detiene
mientras el sol comienza a caer , el aire huele a eucaliptus
y los músicos del teatro Colón tocan a Mozart
Colón, digo, un navegante de origen nada claro al que los reyes de España
dieron naves y dinero para descubrir un Nuevo Mundo
que era este viejo mundo habitado por sus dueños , robados, maltratados y

muertos

la música me envuelve, me envuelve Mozart , el aire huele a eucaliptus
y estoy en Buenos Aires,

mestizada y dolorosa y amada Buenos Aires

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FISURAS DONDE CAER

 

un rostro que reconozco

y provoca

esta ceremonia peligrosa que celebro con vos

llamándome al combate


entonces

¿la revolución ardía, sus banderas,

ardía el amor?

fallidos paraísos los nuestros

fisuras donde caer

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hemos navegado en tantos espejos

a veces creímos que el sol brillaría

ahora atardece y la ciudad se acostumbró

ellos revuelven tachos de basura

y el olor es insoportable

miro tus ojos, han pasado tantos años,

amigo mío, mi compañero,

como entonces

y todo tan lejos,

tan lejos.

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a veces se delatan

a veces es esa casa

que todo lo contiene

como si existiese sólo para albergar ausencias

fantasmas que se deslizan

encendiendo luces

y abriendo puertas

para que yo los reconozca

conviva con el mayor de los misterios

y sostenga con amor

lo que se niega a desaparecer

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el cielo cae y miro empecinada el mar

como si lo viera por primera vez

justo al borde de mis sueños

cierro los ojos

resbalo sin tregua

hacia el sitio corrompido

donde la memoria acosa

y se anudan feroces los recuerdos

esto sabe a derrota, te digo

miro empecinada el mar

como si lo viera por primera vez

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brilla la tarde y la mujer junto a la ventana

me recuerda a mi madre

su perfume a nardos

en este instante sólo siento los sonidos de la vida

mientras la voz se va alejando,

se aleja y es como si no existiera

la mujer junto a la ventana

la que me recuerda a mi madre

ahora es invisible, un suave rumor

presencia apenas

bruma y misterio

uno más entre los muchos y queridos

(Agenda 2008)

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alguien me llama

su mano en la calle solitaria

espera que la puerta se abra

como un corazón desprevenido

amada Buenos Aires

lluviosa y cartonera

que amanezca por fin

que amanezca

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